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Devastación mayor que Hiroshima: ex colonias sufren pruebas nucleares francesas

Argelia, Mururoa, Fangataufa y Polinesia fueron los territorios utilizados por el país europeo para el desarrollo de su arsenal nuclear iniciado hace 60 años

Sesenta años se cumplen del lanzamiento de la primera bomba atómica por Francia, "Gerboise bleue" (Jerbo azul), una prueba que tuvo lugar en el Sahara argelino un 13 de febrero y que abrió la puerta a su carrera nuclear.

La explosión tuvo lugar en la desértica región de Raggane, al sur de Argelia y entonces territorio francés, donde se había establecido el Centro Sahariano de Experimentos Militares (CESM) y que permitió a Francia entrar en el pequeño grupo de estados con armamento atómico.

El país, gobernado en ese momento por el general Charles De Gaulle, buscaba de ese modo alejarse de la tutela militar de Estados Unidos mediante la creación de su propio sistema de defensa, lo que llevó a su gobierno a abandonar el comando integrado de la OTAN en 1966.

Si bien De Gaulle capitalizó a partir de 1960 el desarrollo nuclear francés, los primeros pasos tuvieron lugar bajo la presidencia del consejo de Pierre Mendes France en 1954, y cuatro años después el gobierno de René Coty fijó la fecha para la primera prueba experimental a principios de 1960.

A "Gerboise bleue" le siguieron 17 bombas más, hasta 1966, todas ellas en territorio argelino a pesar de que en marzo de 1962 se firmaran los Acuerdos de Evian que ponían fin a la guerra de independencia, y que cuatro meses más tarde Argelia consiguiera oficialmente ser un país libre.

Francia continuó entonces sus ensayos nucleares en el Pacífico sur, sirviéndose para ello de los atolones Mururoa y Fangataufa, que sufrieron entre 1966 y 1974 un total de 46 explosiones atómicas a cielo abierto, cuyas consecuencias son hoy objeto de disputas legales.

Pero las pruebas continuaron en la Polinesia francesa hasta 1991, si bien de manera subterránea, hasta que el 8 de abril de 1992 el presidente Francois Mitterrand declaró una moratoria para este tipo de experimentos, aunque para entonces 147 bombas habían sido explosionadas bajo el coral de los atolones, con un poder de devastación decenas de veces mayor que las de Hiroshima y Nagasaki.

Tres años después el recién elegido Jacques Chirac anunció la reanudación del programa nuclear, y durante ocho meses Francia llevaría a cabo seis pruebas nucleares más en el castigado atolón de Fangataufa

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El 13 de febrero de 1960, los moradores de Raggane se enmarcan por una enorme explosión y brilho que a acompanhava

Desde 1999 el desarrollo del armamento nuclear se ha centrado en el equipamiento de la fuerza oceánica estratégica (FOST) y en cuatro lanzadores de submarinos, equipados con misiles M45 y M51, cuyo alcance mínimo es de cuatro mil 500 kilómetros.

Aunque los datos sobre el arsenal francés permanecen secretos tanto el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (Sipri) como la Campaña Internacional por la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN), cifran en 300 el número de ojivas, 280 de las cuales se encuentran desplegadas en unidades operativas.

Al mismo tiempo la Ley de planificación militar francesa para 2019-2025 asignó un presupuesto de 37 mil millones de euros para mejorar las fuerzas nucleares francesas, después de haber destinado 23,3 mil millones de euros para este propósito entre 2014 y 2019, según el ICAN.

En 2016, Francia votó en contra de la resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas que estableció el mandato formal para que los estados comenzaran las negociaciones en 2017 sobre "un instrumento legalmente vinculante para prohibir las armas nucleares, que conduzca a su eliminación total".

Su negativa estuvo acompañada de una serie de reuniones bilaterales para desalentar activamente a otros estados, en particular sus antiguas colonias, de que votaran en contra de la resolución de la ONU que finalmente fue aprobada.

Un año después Francia se negó a participar en el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, refrendado por la ONU, y hasta la fecha no lo ha firmado ni ratificado, a pesar del llamamiento de la Asamblea General en 2019 que pidió a "todos los estados que aún no lo hayan hecho que firmen, ratifiquen, acepten, aprueben o se adhieran al tratado lo antes posible".

Un sondeo de opinión realizado en 2018 mostró que dos de cada tres franceses creen que su gobierno debería rubricar el tratado internacional, a pesar de lo cual el actual presidente, Emmanuel Macron, no solo rechaza tal posibilidad sino que apuesta por reforzar el papel de Francia en este terreno al ser la única potencia nuclear de la Unión Europea tras la salida de Reino Unido del grupo.

En este sentido fueron las recientes declaraciones de Macron en la Academia Militar al expresar su deseo de que "se desarrolle un diálogo estratégico con nuestros socios europeos sobre el papel de la disuasión nuclear francesa en nuestra seguridad colectiva", invitando a los países que lo desearan a unirse "a los ejercicios de las fuerzas disuasorias francesas".

En opinión del mandatario, Europa "no puede limitarse a un papel de espectador", mientras una "carrera armamentista convencional, e incluso nuclear" amenaza con reanudarse en su territorio.

A pesar de las críticas internacionales recibidas, Macron no parece tenerlas en cuenta, incluso el discurso del papa Francisco en Japón el pasado mes de noviembre, cuando dijo que "la posesión de armas nucleares es inmoral", sirvió para replantear su posición.

Bien al contrario, el dirigente del único país con armas atómicas que es predominantemente católico, aseguró que "la posesión de armas nucleares otorga a los líderes políticos de los países interesados una responsabilidad de magnitud moral sin precedentes en la historia y en lo que respecta a Francia, asumo plenamente esta responsabilidad".

Sobre el concepto de "disuasión nuclear" se expresó también Setsuko Thurlow, Premio Nobel de la Paz, activista por el desarme nuclear y superviviente de la bomba atómica de Hiroshima, en una carta dirigida a Macron y en la que le recordó que "la política de defensa de Francia está poniendo en peligro la seguridad europea, está poniendo en peligro la seguridad global".

El presidente Emmanuel Macron "nunca experimentó la inhumanidad absoluta de estas armas. Yo sí", afirmó en la misiva, y tras relatarle la espeluznante "experiencia real del infierno atómico" que vivió con 13 años, el día que cayó la bomba en su ciudad, señaló que "las teorías abstractas ya no deberían enmascarar la realidad genocida de estas prácticas".

Thurlow destacó que Macron "no respondió a mi solicitud de reunirme con él en París para compartir con él las realidades de lo que son las armas nucleares y lo que hacen a las personas y al medio ambiente".

A pesar de ello anunció que se reuniría con organizaciones de Francia pues "especialmente los jóvenes, merecen saber toda la verdad sobre las armas nucleares".


Antonio Cuesta, Corresponsal de Prensa Latina en París

Prensa Latina especial para Diálogos del Sur

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