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Después de asumir la presidencia de Asean, ¿cuáles serán los desafíos de Vietnam en 2020?

Dos hechos reveladores del prestigio de este país en el escenario internacional y del reconocimiento a la calidad de su política exterior

Vietnam asumirá el 1 de enero la presidencia de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) y un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU para el bienio 2020-2011.

Esos fueron, en 2019, dos de los hechos más reveladores del prestigio de este país en la palestra internacional y del generalizado reconocimiento a su política exterior.

La elección de la nación indochina para conducir a la Asean en 2020 se produjo a inicios de noviembre en medio de aplausos aprobatorios y con el respaldo unánime de los otros miembros del bloque (Brunéi, Cambodja, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Singapur y Tailandia).


Todos los mandatarios presentes en la Cumbre donde se produjo el hecho manifestaron su complacencia por el nombramiento de Vietnam y dijeron confiar plenamente en que este consolidará el poderío económico y la capacidad de la Asean para enfrentar viejos y nuevos retos en la región.

Antes, durante y después de ese momento, los más altos dirigentes vietnamitas prometieron que el país ejercería el cargo con absoluta responsabilidad y la determinación de acrecentar el prestigio y la fortaleza de la comunidad.

Con cuatro millones y medio de kilómetros cuadrados, un Producto Interno Bruto superior a los 2,5 millones de millones de dólares y una población de casi 650 millones de personas, la Asean es hoy la séptima mayor economía del planeta y según organismos internacionales, será la cuarta en 2023.

No es poca, pues, la responsabilidad que recaerá sobre los hombros de Vietnam.

Su liderazgo, por demás, transcurrirá en medio de un complicado escenario debido, entre otros factores, a la ola de proteccionismo que lastra el comercio internacional y al perceptible estancamiento de la economía global.

Un elemento de carácter externo, principalmente, hará más difícil la tarea: el conflicto arancelario entre Estados Unidos y China, que ha desajustado el comercio exterior y el flujo de inversiones extranjeras hacia varias naciones del sudeste asiático.

El impacto ha sido tal, que según recientes estudios de organismos internacionales, las economías de casi todos los miembros de la Asean han tenido que rectificar a la baja sus previsiones de crecimiento para el año. Una de las contadas excepciones es precisamente Vietnam, cuyo PIB aumentará respecto a 2018.

Otro de los asuntos que Hanoi deberá manejar con mucho tiempo desde el puesto de presidente de la comunidad sudeste-asiática es la situación en el Mar del Este, donde China y varias naciones -Vietnam incluido- reivindican su soberanía sobre varias islas y las aguas adyacentes.

Salvo incidentes menores en los que afortunadamente las armas no salieron a relucir, la situación allí parece cuando menos negociable, sobre todo a la sombra de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, de la que son signatarios todos los países envueltos en el conflicto.

Pese a su involucramiento directo en el asunto, Vietnam ha dado ejemplares muestras de su voluntad de resolverlo por vía del diálogo y con apego a aquel y otros instrumentos y principios consagrados por el derecho internacional.

La presidencia de la Asean lo inviste de una autoridad mayor al respecto, pero con toda seguridad la ejercerá con el mismo comedimiento que hasta hoy. O como ya hizo cuando estuvo al frente del bloque en 1998 y 2010.

Su anunciada posición como conductor del bloque será tan clara como inteligente y pragmática: la intención no es agitar estas o aquellas aguas, sino apaciguarles; no dividir, sino unir; no hacer de la comunidad un ente hegemónico y enfrentado al mundo, sino integrado a él...

Como tareas insignias, Vietnam se propone acortar la brecha de desarrollo entre los Estados miembros; fortalecer la interconexión entre estos, tanto en infraestructura como en política, defensa, economía y sociedad; y engarzar aún más a la Asean en el concierto universal.

Todo eso, resumido en el sencillo y directo lema que eligió para identificar a su año de presidencia: "Cohesivo y adaptativo".

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Vietnam asumirá el 1 de enero la presidencia de la Asociación de Naciones del Sudeste (Asean)

En el consejo de seguridad

Pocas veces un país ha tenido un apoyo tan masivo como el que recibió Vietnam cuando a inicios de junio fue electo para un puesto no permanente del Consejo de Seguridad por Asia-Pacífico: 192 de los 193 miembros de la Asamblea General de la ONU le dieron su voto.

Fue, en verdad, un justificado reconocimiento a sus esfuerzos por integrarse al mundo y un gesto de confianza en las contribuciones que hará a la paz en los próximos años.

Con una política exterior a favor de la paz, la independencia, la autodeterminación, el multilateralismo y la diversificación de las relaciones, este año Vietnam mantuvo y aún elevó su participación en los más importantes foros y organizaciones internacionales.

También organizó con éxito eventos internacionales como el Foro Económico Asia-Pacífico, el del Foro de Davos sobre la Asean y la segunda Cumbre Estados Unidos-Corea del Norte.

De particular relevancia son sus aportaciones a las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. La más reciente muestra, en noviembre, fue el envío de un segundo hospital de campaña para apoyar la misión de la ONU en Sudán del Sur.

El gobierno vietnamita prometió que su accionar como miembro no permanente del Consejo de Seguridad estará centrado en la prevención de los conflictos, el impulso a la diplomacia preventiva y la solución pacífica de las disputas, conforme al artículo VI de la Carta Magna de la ONU.

También, en el impulso al desarrollo sostenible, la promoción de los derechos humanos -en especial de mujeres y niños-, el enfrentamiento al cambio climático y otros temas puntuales como el desarme, la trata de personas, el narcotráfico y el alivio de las secuelas de las guerras en las naciones que la han sufrido.

Vietnam también ha reiterado su posición a favor de la reforma del sistema de las Naciones Unidas, incluido el Consejo de Seguridad, y de incentivar la cooperación entre el organismo internacional y las organizaciones regionales.

De hecho, la nación indochina ya atesora una rica experiencia como miembro no permanente del Consejo de Seguridad, pues fungió como tal en el período 2008-2009.

Sus contribuciones de entonces, mantenidas a lo largo de todos los años posteriores, y en especial en este a punto de concluir, son avales que justifican la confianza de la comunidad internacional.


*Alberto Salazar Gutiérrez, Corresponsal de Prensa Latina en Vietnam

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