Pan Amazonía: “Si falta el aire, compremos los pulmones”

Lindomar Días Padilha es graduado en filosofía, especializado en Desarrollo y Relaciones Sociales por la Universidad Nacional de Brasilia y formado en Derechos Humanos. Padilha actúa junto a los pueblos indígenas de la Amazonía brasileña desde 1991. Casado y padre de dos hijos, trabaja en el observatorio Pan Amazónico en análisis sobre temas relacionados con la Amazonía, a los territorios y a la mercantilización y financiarización de la naturaleza.

Nayá Fernandes*

Lindomar Días Padilha
Lindomar Días Padilha

En esta entrevista, Padilha, que es también miembro del Comité Brasileño de Defensores de Derechos Humanos, profundiza cuestiones relacionadas con buen vivir.

Se puede hablar de un histórico de violación de derechos humanos en la Amazonía?

Lindomar Días Padilha: Regla general, los pueblos indígenas son violados, saqueados y asesinados, física y culturalmente, desde la invasión europea. El problema de fondo es que esos pueblos siempre han sido “víctimas” de proyectos soñados por otros, y jamás fueron considerados sujetos y proponentes de sus propios proyectos. Sin embargo, creo que los ciclos que siguieron después del contacto tuvieron y tienen un rol preponderante en la acción de expropiar y mercantilizar a la naturaleza. Tuvimos en este caso, en el Acre, dos ciclos en que la seringueira (árbol del caucho) era la materia prima para la producción de caucho para las fábricas que alimentaban la guerra y el “progreso”.

En ese momento, la tesis principal ha sido a del uso intensivo de lo que aún resta de materia prima bajo el seudónimo de “sustentabilidad”. Está en curso un perverso modelo de ataque a los territorios indígenas y comunidades tradicionales. Destacó tres aspectos de este modelo: un primero es el incentivo a la producción de pescado en cautiverio (pescado de granja) en un claro interés de alimentar los mercados de ración animal y atacar a la soberanía alimentaria de las comunidades, y, claro, crear aún más dependencia; un segundo, es el llamado “manejo” que, en el caso del Acre ha sido más una “autorización” para el desmonte del bosque. Llaman de manejo sustentable, pero en la práctica es insostenible porque, entre otras cosas, foca exclusivamente en la madera y desconsidera todos los demás elementos del complejo bioma amazónico, por ejemplo, as fuente de agua y los animales, principalmente las especies endémicas. Y un tercer aspecto son los proyectos de Pago por Servicios Ambientales (PSA), principalmente los de REDD+ que no son otra cosa que no el permiso para que empresas y países que más contaminan, sigan contaminando por medio de la compra de créditos de carbono. Es decir, los pueblos indígenas, a título de preservaren sus territorios, en verdad están vendiendo el usufructo de eses territorios para empresas que así pueden “compensar” la emisión de gases de efecto invernadero y otros. La lógica del capitalismo verde es simples: si falta el aire, entonces compramos los pulmones.

Este es un tiempo a propósito envuelto en una nube de supuesta complejidad, pero en verdad se trata simplemente del comercio del aire que respiramos. Quién puede, comprar el derecho de seguir contaminando y punto.

¿Quiénes luchan a favor de la defensa de eses pueblos?

Lindomar Días Padilha: Teóricamente tenemos muchos órganos en defensa de los pueblos indígenas. Sin embargo hay que tener mucho cuidado porque muchas ONGs son básicamente “Organizaciones Neo Gubernamentales” porque dependen directamente de recursos públicos. Por otro lado, muchas son dependientes de recursos externos, justamente de países o financiadoras que desarrollan trabajos en el campo de la llamada economía verde. Es decir, empresas y gobiernos que se utilizan de esas ONGs para ter acceso a las comunidades y poder inducirlas a vender su autonomía territorial. En la práctica, son pocas las instituciones que de hecho trabaja en la defensa de los intereses de esas comunidades. Para no ser injusto prefiero no mencionar nombres de organizaciones. Pero, puedo afirmar con toda seguridad que las mega ONGs, de actuación internacional, son en verdad, empresas del capitalismo verde, y por lo tanto, al servicio del gran capital y contra los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales. También esas ONGs/empresas son parte del sofisticado mecanismo de expropiación.

La REPAM (Red Eclesial Pan Amazónica) se presenta como una propuesta de red capaz de articular esas entidades, aunque sea el campo de actuación mucho más ligado a la Iglesia Católica. Además, eso apunta para una nueva etapa, una etapa pos Laudato Si. Esa es una importante iniciativa y porta esperanzas para los pueblos indígenas y comunidades de nuestra Pan Amazonía.

Sobre los casos concretos –de violación de los derechos de los pueblos- que llevaron a los Estados Unidos, ¿hay perspectivas de que sean punidos los responsables?

Lindomar Días Padilha: Los sistemas ligados a la Organización de Estados Americanos (OEA), pese a su buena voluntad, es lento cuando de trata de punir, quizás por ser una organización financiada y mantenida por estados, en la mayoría entre los que más violan o dejan que violen los derechos. Nuestra perspectiva es buena, porque más que punir lo que se espera es dar visibilidad a los casos e crear en los mismos estados, junto a la sociedad civil, un clima favorable a la Amazonía y sus pueblos, personas que viven, producen y cuidan de esa vasta y riquísima área en bio-sociodiversidad. Todos los casos presentados en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA son ejemplo de la gravísima situación de violación de los derechos e nuestros territorios y cuya denuncia esperamos alcance las personas de bien y de buena voluntad para que salgan en defensa de esos pueblos y territorios. En el caso de Acre, es preciso que Brasil y el mundo sepan de esas violaciones travestidas de sustentables y presentadas como “ modelo” al mundo. Se necesita que la cortina se abra y las personas vean la verdad que detrás de eses proyectos ligados a la economía verde e así puedan comprender que es lo que realmente está ocurriendo en el Acre y en nuestra gran Amazonía.

¿Cómo podemos pensar en el equilibrio entre desarrollo económico y defensa de las comunidades tradicionales en la Amazonía?

Lindomar Días Padilha: Esta es una pregunta importante, porque a partir de ella hay que definir lo que estamos llamando de “desarrollo” económico  y para quién será ese desarrollo. Los modelos hasta hoy presentados, todos, rigurosamente todos, eran dirigidos (y aún lo son) para el desarrollo de los grandes conglomerados económicos y países ligados a eses conglomerados. Así, todos los proyectos son incompatibles con la defensa de las comunidades y del ambiente. En la cabeza de los que pregonan el “desarrollo” hay un montón de $$$. Asocian desarrollo al consumo, patrón de consumo y poder de acumulación. Es decir, una comunidad o un pueblo tiene su desarrollo medido a partir de su capacidad de consumir y generar basura industrial.

El equilibrio solo será posible si nos libertamos de ese concepto de desarrollo y entendemos  que el verdadero desarrollo está en el uso sano de lo que la naturaleza ofrece en primer lugar para el “bien vivir” y no simplemente explotar al máximo para satisfacer patrones de consumo. Es mucho  más desarrollada una comunidad en que todos trabajan en la generación de vidas, de sus propias vidas y de otros, en que la naturaleza es, antes de todo, una madre que ama a sus hijos, y espera que en tiempos de vejez estos hijos la amparen. Nuestra Amazonía es esa madre y en este momento se encuentra enferma y bastante debilitada. Hay que cesar inmediatamente las actividades que la explotan aún más y son el motivo de su enfermedad. Hay que retirar de aquí toda la explotación maderera, petrolera, la minería diversa. Por fin, hay que “expulsar” a los proyectos de muerto, que aunque disfrazados de sustentables, como los ligados a la llamada economía verde, no son otra cosa que “colorir de verde” las cenizas de la destrucción.

¿Y sobre la financiarización de la naturaleza que se opone al bien vivir?

Lindomar Días Padilha: Cuando las carabelas europeas llegaron para invadir los territorios y expropiarlos, robándoles lo que fuera posible, llamaron a eso “descubrimiento” y tenían por finalidad comercializar las riquezas no explotadas por los ignorantes que aquí  vivían, y, en contrapartida, aportan la civilización. Es decir, civilizar era colocar en el mercado. Por eso, ese proceso también era llamado de mercantilización. Civilización era el mismo que mercantilización. Ahí está la raíz de la financiarización de la naturaleza, así como de todos los demás proyectos de muerte que la siguieron. Como ya fue dicho, son proyectos que miran dinero no vidas. Las carabelas y sus formas de “civilizar” han sido perfeccionadas a lo largo de los tiempos y hoy son presentadas en la forma de economía verde o eco-negocio. Simplemente el color de verde del viejo mercado explotador de las riquezas y de las personas. Vea a qué punto llegaron: explotación del aire. Si, eso mismo. Los mercado de carbono, asentados en proyectos del tipo PSA (Pago por Servicios Ambientales), principalmente los de REDD+, no tienen otra finalidad que no la explotación de la capacidad de absorción de la contaminación generada por los gases nocivos y la de generación, por lo tanto, de oxígeno y retención del CO2. Ese proceso se funda en la generación de créditos que funcionan como una autorización para seguir a contaminar en otra parte del planeta. Esos créditos generados son negociados en bolsas y, cuanto mayor es la amenaza al medio ambiente, tanto más valen esos créditos. Así, los detentores de esos créditos lucran, por lo mínimo, dos veces. Una porque siguen emitiendo gases nocivos y hasta aumentando la emisión. Y otra vez porque, con el aumento de la emisión y de la contaminación, los créditos adquiridos tienen su valor aumentado generando una expectativa de lucro futuro. A ese proceso más arreglado, sofisticado es que llamo de financiarización. La diferencia a destacar es que, en este caso de la financiarización, la naturaleza pasa a tener perspectiva meramente financiera, sin las llamadas inversiones. Es decir, el mercado no realiza ninguna inversión para tener el lucro. El mercado de carbono se porta como mercado de reces que compra una hacienda con puerta cerrada. Compra todo lo que está allí, incluyendo el derecho a la vida y el futuro de las personas.

En esas condiciones es imposible hablar en bien vivir. Mercado y vida son figuras incompatibles. Luego, financiarización es el opuesto al bien vivir.

¿Qué otros casos de violación de derechos ocurren con más frecuencia en la Amazonía.?

Lindomar Días Padilha: Los proyectos de acción directa, ligados a la industria extractivista, como la petrolera e las de minería, provocan violaciones más inmediata y visibles, porque actúan directamente sobre las personas, sea en la explotación de la mano de obra, sea en los daños a la salud, por ejemplo. Esos tipos de violaciones son los más frecuentes porque tales industrias no tienen la sofisticación de las ligadas con el comercio verde. Ellas se portan como coroneles y para tanto poseen sus matones que son los políticos locales y los poderes de Estado como un todo. Los políticos locales y el Estado se satisfacen con una pequeña parte del lucro y, en cambio, aceptan penalizar al máximo el ambiente y claro, las personas que viven en el. En ese tipo de ambiente, ocurre todo tipo de violación y las denuncias casi siempre no producen efectos porque los poderes del Estado están íntimamente ligados a las empresas y a servicio de ellas. Así, la misma acción de los poderes del Estado, como el judicial, actúa bajo constante violación de los derechos humanos. En ese punto reside la dificultad en lo que se refiere a los mecanismos de punición, tornando la misma estructura una forma de violación de los derechos.

Violencias y explotaciones, por ejemplo, de niños y adolescentes en la Amazonía, cuentan casi siempre con la protección de una red que envuelve políticos locales, policiales, abogados y hasta sectores del judicial, además de seudo-religiosos de las más diversas denominaciones. Hablar que la Amazonía es una tierra sin ley no corresponde a la verdad. La Amazonía es una tierra en que las leyes no protegen a los amazónicos y son utilizadas para justificar el roto, el saqueo, la expoliación, la violación de derechos y finalmente el asesinato.

*Colaboradora de Pravda.ru On Line. Nayá Fernandes es periodistas, formada en filosofía y teología y pos graduada en periodismo. Desarrollo proyectos en el Vale del Jequitinhonha (Minas Gerais) y en la amazonia.

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