Wikimedia Commons / Andrew Rusk de Toronto, Canadá

Al final, ¿qué es la Teoría Queer? ¿Qué habla la filósofa estadounidense Judith Butler?

Autorizado por la autora Helena Vieira, publicamos aquí su texto explicativo sobre lo que es la Teoría Queer de Judith Butler

Autorizado por la autora Helena Vieira, publicamos aquí su texto explicativo sobre lo que es la Teoría Queer de Judith Butler. ¡Excelente explicación!

Se ha vuelto muy común ver activistas, sobre todo transfeministas (como yo), hablar de Teoría Queer. Hace algunos días, fui interpelada por una amiga que me preguntaba: “ ¿Qué es eso de Teoría Queer?”.

De hecho, es una forma de saber que la Universidad ni siempre enseña a los estudiantes de graduación y, a pesar de existir mucho material en Internet sobre el asunto, es raro que paremos nuestras vidas para buscar un texto que responda: ¿Qué es teoría Queer? Sin embargo, en primer lugar es importante entender lo que es “queer”. ¿Qué término es ese?

Wikimedia Commons / Andrew Rusk de Toronto, Canadá
Judith Butler

El nombre: Queer

Queer es una palabra inglesa, usada por anglófonos hace casi 400 años. En Inglaterra había una “Queer Street”, donde vivían, en Londres, los vagabundos, os endeudados, las prostitutas y todos los tipos de pervertidos y disolutos que aquella sociedad podría permitir. El término ganó el sentido de maricón, tortillera, mari-macho” con la prisión de Oscar Wilde, el primer ilustre a ser llamado de “queer”.

Desde entonces, el término pasó a ser usado como ofensa, tanto para homosexuales, cuanto para travestís, transexuales y todas las personas que se desviaban de la norma cis-heterosexual. Queer era el término para os “desviantes”. No hay en portugués un sinónimo claro, quizás, como propone la profesora Berenice Bento, podamos pensar el queer como “transviado” [N.T. en español sería algo como descaminado)

La Teoría Queer

La Teoría Queer empieza a consolidarse alrededor de los años 1990, con la publicación del libro “Problemas de Género” (Gender Troube) de Judith Butler. Fruto de una trayectoria que ella venía acompañando desde un seminario, que llevaba el nombre “queer”, realizado en los años 1980, por Teresa de Lauretis. De Lauretis, fue la primera a pensar en “Tecnologías de Género”, aquí entendidas como las técnicas de ser hombre o ser mujer que aprendemos desde temprana edad.

En los años 1970, las universidades americanas, son ocupadas (menos mal), por movimientos populares, y empiezan a crearse los llamados “Estudios Culturales” como forma de dar cuenta de la comprensión del creciente Movimiento Negro – marcadamente los Panteras Negras – y de otros movimientos como el “Free Speech” (Libertad de Expresión), y el movimiento feminista – con la creación de los Women Studies. Así como otros movimientos, como los movimientos gay y lésbico. Antes de proseguir con “¿Qué es la teoría Queer”? creo importante hacer una pausa para historiar el concepto de “Género”, pues la Teoría Queer es principalmente lo que escapa a nuestras formulaciones habituales. Las formulaciones del sentido común.

Género

No es posible hablar de Teoría Queer sin pensar en la categoría de “Género” como algo fluido, socialmente construido, preformado y sistémico. Parafraseando Teresa de Lauretis: un sistema sexo-semiótico, de interpretación de los datos biológicos como productores de diferencias, que no son per se, sino productos de la interpretación arbitraria de los “marcadores biológicos”. Existe, también según la autora de “Tecnologías de Género”, una construcción de técnicas de vivir que determinan cómo un sujeto puede insertarse en la sociedad según normas específicas de “ser hombre” o “ser mujer”.

Género es un concepto que surge fuera de la gramática y la lingüística aproximadamente en los años 1950, cuando el Dr. John Money, de la Universidad John Hopkins, lo utiliza en el estudio de la re-designación sexual de personas intersexuales. En este caso, John se pregunta: Si estas personas nacieron con genitales ambiguos, ¿cómo es posible que lo genital sea factor decisivo en la constitución del género? No puede ser. Entonces, utiliza tal concepto para designar el resultado de su tratamiento de “reorientación del género” de las personas inter-sexo. Sin embargo, el modelo de compresión de Género propuesto por él se mostró falto, y hoy existen movimientos y demandas de personas inter-sexo para que ellas mismas tengan autonomía en la decisión del género al cual se identifican, y no se queden dependientes de una decisión médico-familiar. En tanto, no podemos desconsiderar que John Money avanzó en el desacoplamiento del género de lo genital. Una relación directa y no arbitraria, para comprender los como distintos, posibilitando, a pesar de sus errores, desdoblamientos teóricos importantes.

Paralelamente a los estudios de John Money, empezaron a surgir, dentro de las universidades, demandas para que existan estudios y disciplinas hasta entonces consideradas no académicas, como los estudios sobre negros, latinos, feministas,… Demandas que surgen, no en el seno de las universidades, sino a partir de varios movimientos sociales en los EUA. Dando origen, así, a los estudios culturales, sobre negros, y al campo conocido como Women Studies. Es en el ámbito de los “Estudios de las Mujeres” que el concepto de Género pasa a figurar de forma similar al que conocemos hoy.

Es a partir de la afirmación ya famosa de Simone de Beauvoir en su libro “O Segundo Sexo” – “No se nace mujer, una llega a serlo” – que inicio un paréntesis. Esa afirmación de Simone, no es una afirmación directamente sobre “Género”, sino sobre la mujer,  que para Beauvoir, no era comprendida como “otro”, pero como una subalternidad que solo podía constituirse en relación al sujeto “hombre”, en su dependencia. El devenir mujer no podría, en la visión de Beauvoir, caber en un entendimiento del “devenir hombre”, de modo que los primeros estudios feministas nos traen una visión todavía esencialista de “diferencia de género”, diferencia que sigue siendo constituida a partir de nuevas interpretaciones de los datos biológicos.

Hasta entonces, los Estudios Feministas se centraban en un determinado sujeto, una determinada mujer, hasta que surge, con Angela Davis, y otras feministas negras, latinas, obreras, lésbicas (con gran enfoque en el “continuum lésbico” de Monique Wittig, en su libro “El pensamiento heterosexual”), la crítica a este sujeto del “feminismo clásico”, es decir, la crítica a un feminismo que se había mostrado blanco, de clase media, académico y elitista. En este período surgen también, los “Estudios de Género”, que construyen una crítica al feminismo, al pensar las “masculinidades”, aliadas a los estudios sobre Gays y Lésbicas, oriundos de las demandas sociales que surgieron después de la Rebelión de Stonewall.

Es en ese momento que “Género” pasa a ser concebido en su fluidez y la afirmación de Simone de Beauvoir es ampliada, a partir de una sencilla indagación: “Si existe un devenir mujer, ¿porqué no podría existir un ‘devenir género’?” Sin embargo, a pesar de este cuestionamiento, los estudios y movimientos gays y lésbicos se volvieron higienizados, defendiendo un cuerpo gay deseable, bello y sobre todo, hetero-normativo. Se crea, como diría Guacira Lopes Louro en su texto “Teoría Queer- Una política post identitaria para la educación”, una identidad gay “positiva”, y, obviamente, esa identidad positiva subtiende la construcción de una identidad “negativa”, generalmente asociada al gay afeminado, a la travestí, y las lésbicas masculinizadas y los hombres trans.

En ese momento aún no había una distinción teórica clara entre Identidad de Género y Sexualidad; tal distinción se produce solamente con el trabajo teórico de la antropóloga feminista Gayle Rubin, en su texto “The Traffic in Women: Notes on the ‘Political Economy’ of Sex”. En el cual ella afirma ser necesario pensar como categorías radicalmente distintas la sexualidad y el género, aunque, en determinados momentos, como posteriormente nos muestra Judith Butler (en su libro, “Gender Trouble”), tales categorías se amparen en sustentación mutua de la cis-heteronorma.

Es en este contexto de la higienización de las identidades “gays y lésbicas” y del cuestionamiento de la identidad del “ser mulher” y el “ser hombre” que surge un movimiento pautado en las diferencias, por lo tanto no-asimilacionista, como herramienta de crítica. Tal movimiento es teórico y también social, la “Teoria Queer”, término ahora re-significado como forma de empoderamiento. Es en este momento, a partir de una asociación teórica con los estudios post estructuralistas de Deleuze, Derrida y Foucault, que se empieza a pensar el propio Género como “ficción política encarnada”, termo cuñado por Paul. B. Preciado en charla dictada en el “Hay Festival”, en Cartagena.

En el marco de esas discusiones surge también la reflexión sobre la travestilidad y la transexualidad como experiencias de género – la transfeminilidad como una forma de mujeridad. Esa comprensión es importante, cuando nos de paramos con discursos esencializadores del ser mujer. Judith Butler, en su libro “Gender Trouble”, inicia con un cuestionamiento que considero vital: “¿Quién es el sujeto del feminismo?”, “¿Es posible pensar de forma categórica y universalizante en mujer?”. La respuesta, obviamente, es “no”, es posible pensar en “mujeres” y “mujeridades”, en vivencias femeninas, pero no es posible universalizarlas en la producción de un concepto identitário inmutable.

Es en este sentido que las vivencias de las mujeres trans, travestís y personas no-binarias que se identifican con la femineidad pueden ser comprendidas como vivencias femeninas, y que deben ser respetadas como tal. Obviamente, hay diferencias en la vivencia de una mujer cis-género y de una mujer trans. De eso no hay dudas, pero ambas poseen vivencias de sus femineidad, de las opresiones diarias, de los enfrentamientos a partir de una perspectiva del feminismo.

¿Qué es la Teoría Queer?

Es importante notar que la Teoría Queer no propone un modelo “queer” de mundo. El queer es justamente el extraño. Es aquel que se narra o es narrado fuera de las normas. La Teoría Queer propone el cuestionamiento a las epistemes (presupuestos de saber), a lo que entendemos como verdad, a las nociones de una esencia del masculino, de una esencia del femenino, de una esencia del deseo. Para la Teoría Queer es preciso mirar esos conceptos e intentar percibir que no se tratan, de forma alguna, de una esencia, o aún, que no hay una ontología del todo, sino, a fin de cuentas, una relación de mediación cultural de los marcadores biológicos.,

La teoría queer, como diría mi querido Paul Preciado, es una teoría de empoderamiento dos cuerpos subalternos, y no el empoderamiento aislacionista. El empoderamento que nos hace fuertes en nuestras márgenes y en ocupar los espacios con nuestros cuerpos desviados.

La Teoría Queer y el Brasil

Queer no es un término inteligible en Brasil. Las personas no se describen como queer por acá. Por lo menos las personas que no tienen acceso a esa teoría. Pero en Brasil están presentes los mismos procesos de normatización y subartelnización de los cuerpos. Aquí no hay el queer, pero hay el “traveco”. No hay el queer, pero hay el “viadinho”. No hablan queer, pero hablan la “zapatona”. Creo que la Teoría Queer nos puede ayudar a construir una teoría nuestra de descamino. Que empodere nuestros cuerpos subalternos.

Como bien señala la transfeminista Daniela Andrade, los términos “transviada o transviado” no engloban personas trans, pues supone una mezcla, aún conceptual, de identidad de género y sexualidad, cosa que nosotros, hombres trans, y nosotras mujeres trans, travestís y personas trans de una forma general hemos luchado inmensamente para distinguir una de la otra.

La tensión Teoría Queer e Identidades No binarias

El hecho es que nadie es transexual simplemente por haber “aprendido con la Teoría Queer” o cualquier otra teoría. Mucho antes de esas teorías ya existían las personas trans. Yo escribo desde un lugar muy específico: travesti, gorda, pobre, académica y no binaria. La Teoría Queer enfatiza que el género no es una verdad biológica, sino un sistema de captura social de las subjetividades. ¿Eso significa que no somos nada ontológicamente? No. Significa que existe una percepción, por veces disruptiva, entre cómo me siento y cómo la norma dice que me debo sentir.

La percepción subjetiva que tengo de mí, es mía y no cabe a ninguna teoría definirla. Sin embargo, la enunciación de eso, o sea, la capacidad de decir, en cuanto acto del habla (como nos dice Austin), y performance, pasa por el conocer.

Yo nací y crecí en la periferia de São Paulo, y ahora vivo en la periferia de Caucaia, en Ceará. En la periferia, no existen, desde la mirada de la norma, personas no binarias. Yo misma, a lo largo de toda mi vida nunca me percibí como hombre, ni como mujer. Yo era el “gayzinho” y el “viadinho”; después que descubrí la transgeneridad es que percibí que podía enunciar lo que soy; soy travestí, no reivindico ser mujer, no reivindico ser hombre, pero esa es una posición mía. Yo reivindico sí la femineidad.

La tensión se muestra cuando algunos activistas quieren negar todo lo que es académico. ¡No es posible hacer eso! Las personas trans precisan adentrar a la academia, que es una institución productora de conocimientos leídos como verdad, y narrar sus propias vivencias. Es necesario que ocupamos los espacios que siempre nos fueron históricamente negados. La academia es instrumento. Así como el saber lo es. La primera travestí brasilera a obtener el título de doctora fue mi muy amiga Luma Nogueira de Andrade. Ella siempre ha subrayado que su camino para la emancipación estaba en la educación, en el acceso al saber y al conocimiento.

Las identidades no binarias como la mía y muchas otras son de difícil intelección para quién no es de la academia. Eso porque no hay trabajos académicos sobre el tema, y porque no hay criterios visuales de identificación del “no binario”, y sabemos que desde la mirada de la norma, la lectura, o sea, la capacidad de intelección, es vital para el proceso de taxonomía. El próximo año publicaré un testo en una revista americana sobre el universo “no binario”. Pero hay que recordar que es importante reconocer que la academia y la Teoría Queer son herramientas que podemos usar para materializar el discurso sobre nuestras identidades.

Austin decía que hablar es hacer. Que el lenguaje y los actos de habla, vuelven las cosas reales en el mundo porque constriñen su entorno. La academia, marcadamente la Teoría Queer y la desconstrucción de Derrida trajeron la idea de los binarios y los no binarios a ser rotas y desconstruídas. ¿Por qué, entonces, no usar las herramientas y construir un saber que emerge de nuestras vivencias?

Paulo Freire siempre decía que el saber popular precisa mantener con el saber académico una relación de ida y vuelta, dialógica. La teoría no construye nuestra identidad, pero nos ayuda a enunciarla y a veces a afirmarla políticamente. Es equivocado, por lo tanto, exigir de travestis y personas trans que acepten la teoría queer. O que la conozcan. Principalmente cuando muchas, la mayoría de nosotras, en verdad, está fuera de la escuela y la universidad. Mientras nos prostituimos no tenemos tiempo para pensar en el “pronombre” más apropiado a usar. Pero eso no implica en la negación de todo y cualquier saber académico. Es preciso conciliar las vivencias con la academia, y en esa fusión producir un pensar y una política identitária marcadamente brasilera.

Un llamado final

Precisamos inmensamente construir un saber nuestro, un saber de los cuerpos subalternizados brasileros. No somos los mismos cuerpos norteamericanos. Somos cuerpos con nuestras propias marcas y precisamos, a partir de ellas, constituir una teoría que nos empodere para, a partir de ahí, poder empezar a pensar en una política de las identidades. Hay que convenir que el término queer está de moda. Muchos se narran como queer, pero es una post modernidad que “sale con el agua” y cuyo uso sugiere privilegios. Queer no es brillar en el baile, Es una narrativa de sí, una narrativa constante.

Es común que muchas personas rechacen el término queer diciendo que “eso es academicismo”. Muy bien, pero mientras las personas trans no luchen por sí y sus compañeras, no seremos capaces de producir un saber formal a partir de nuestras vivencias. Un saber propio para la experiencia de la no conformidad con las normas de género. Con todo, la simple negación del término nos conduce al riesgo del colonialismo. De dejarnos espacio para que nuestras identidades se vean tan sólo con la mirada colonizadora de un término y teoría extranjeros. Por ese motivo, se hace necesario que llevemos ese debate más allá de la academia y dar voz a las diferentes maneras con que las personas transgénero brasileras narran sus historias.

*Helena Vieira

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