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Bartolomé de las Casas, encomendero, sacerdote y protector de los indios

"Iba el arroyo de sangre, como si hubieran muerto muchas vacas", contó el sacerdote.

Quizás tan famoso como el almirante Cristóbal Colón, el sevillano Bartolomé de Las Casas (1474-1566), encomendero y sacerdote, pasó a la historia de América como protector de los indios e historiador de la destrucción de las Indias*

Este personaje estuvo casi toda su vida ligado a la conquista de América, de la que se considera uno de los principales cronistas, pero trocó su posición de conquistador ante los horrores que contempló desde los primeros tiempos.

El Padre Las Casas nació en Sevilla, España, en 1474, y murió el 17 de julio de 1566, en Madrid.

En 1516, hace cinco siglos, el cardenal Cisneros, regente de España a la muerte de Fernando el Católico, lo convirtió en Protector Universal de los indios para "entender en la reformación de las Indias" y en "todas las cosas que tocaren a la libertad, buen entendimiento y salud de las almas y cuerpos de los indios".  De familia aristocrática y Licenciado en Leyes en la Universidad de Salamanca, antes de cumplir los 30 años había viajado a La Española, en 1502, con el gobernador Fray Nicolás de Ovando, en calidad de conquistador y colono, y allí tuvo una hacienda e indios.

A los cinco años de esta experiencia, en 1507, marchó a Roma donde tomó los hábitos y a su regreso se destacó pronto por defender a los indios de los abusos de los colonizadores.

Un hecho importante ocurrió cuando su amigo Diego Velásquez (1465-1524), lo llamó a Cuba, después de aplastar la rebelión del cacique Hatuey, con el objetivo de apaciguar a los indios que huían de los españoles.

El conquistador Velázquez, procedente de La Española, desembarcó en la región oriental de Cuba, a mediados de 1510, en un punto sin precisar entre Guantánamo y Maisí, con unos 300 hombres, en calidad de empresa militar y su primer objetivo fue pacificar una rebelión de los naturales en la región de Baracoa.

Aunque los pobladores desconocían las prácticas guerreras, en las montañas se refugiaron otros llegados de la vecina Haití (La Española), encabezados por Hatuey, y lograron el apoyo de locales, temerosos de la violencia de los españoles a su paso.

Hatuey, que fue cacique de Guayaba, resistió largo tiempo hasta caer prisionero por la superioridad del armamento de los invasores; fue juzgado como hereje y condenado a ser quemado vivo en una hoguera.

Velázquez puso a Las Casas, en 1513, en una de las principales expediciones con el fin de contener los desmanes de sus tropas, pero poco pudo hacer el sacerdote en Caonao, frente a la sangrienta represión llevada a cabo por los hombres de Pánfilo de Narváez.

La denominada matanza de Caonao, ocurrida cerca de la actual ciudad de Camagüey, fue narrada por Fray Bartolomé de Las Casas, y su testimonio nunca será olvidado.

Las fuerzas de Pánfilo de Narváez, sin justificación, atacaron a unos dos millares de indios que, en cuclillas, los esperaban en una plazoleta para darles la bienvenida con casabe y pescado, productos de su dieta diaria.

De pronto, un español atacó a un indio con su espada y se generalizaron los asesinatos.

"Iba el arroyo de sangre, como si hubieran muerto muchas vacas", contó el sacerdote.

Luego Las Casas recibió una encomienda de indios, en el pueblo de Canarreo, cerca de Jagua, en el centro sur de Cuba, tras concluir la conquista en 1515 y se dedicó a dirigir trabajos agrícolas y de minas.

Se dice que mientras preparaba un sermón, descubrió en la Biblia una revelación que cambió su vida:

"Quitar el pan del sudor, es como el que mata a su prójimo".

A partir de ese momento, tuvo grandes remordimientos y renunció a la encomienda; y se propuso defender siempre a los pueblos aborígenes de la salvaje explotación a que eran sometidos.

En 1521 intentó sin éxito organizar una colonia agraria sin siervos ni esclavos en Cumaná, borde septentrional de América del Sur, desde la desembocadura del río Orinoco hasta el Golfo de Maracaibo. Fue obispo de Chiapas en 1545.

De gran valor para la historia son sus libros: Relación de la destrucción de las Indias e Historia de Las Indias, que ponen al desnudo los horrores de la conquista española.

De Cuba escribió: "En obra de tres meses murieron más de siete mil niños y niñas, por ir las madres al trabajo [...] como llevaban los hombres y mujeres sanos a las minas y los otros trabajos, y quedaban en los pueblos solo los viejos y enfermos, sin que persona los socorriese y remediase, allí perecían todos de angustia y enfermedad, sobre la rabiosa hambre".


*Marta Denis Valle, Historiadora, periodista - Prensa Latina de La Habana especial para Diálogos del Sur

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