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Panamá: de la revolución a la invasión de las fuerzas yanquis y el revés al Estado colonial

Para entender lo que fue y el porqué de la invasión de Panamá por tropas de los Estados Unidos, en diciembre de 1989, hay que hacer un recorrido por la historia y a la realidad factual de los hechos de la época, ignorando las versiones del imperio

Para entender lo que fue y el porqué de la invasión de Panamá por tropas de los Estados Unidos, en diciembre de 1989, hay que hacer un recorrido por la historia y a la realidad factual de los hechos de la época, ignorando las versiones de la potencia imperial, que llenaron las páginas de los periódicos en esos días.

Para facilitar, o mejor, para no hacer muy largo ese texto, consideraré cuatro fases de esa historia a partir de la década de 1960, y hechos de los cuales este reportero ha sido testigo.

¿Qué era Panamá antes de 1968? 

Mapa de Panamá.
Fuente: Enciclopedia Británica 2010
Era el único país del mundo con cinco fronteras: al Norte el Pacífico, al Sur el Atlántico, al Oeste Colombia, al Este Costa Rica y al Centro Estados Unidos: La Zona del Canal de Panamá, entorno del canal interoceánico de 80 km de largo, ligando el Atlántico al Pacífico. 

En realidad, se trataba de un enclave colonial, con población blanca en que vigoraban las leyes del Estado de Alabama, uno de los más racistas en el sur de EE UU, protegido por un centenar de bases militares, navales, aéreas y terrestres en donde eran entrenadas las tropas especiales - los rangers - que invadían países a doquier para perpetrar asesinatos. En ese mismo enclave funcionaba la Escuela de las Américas, centro de adiestramiento de policiales, soldados y oficiales de Nuestra América, haciéndolos pretores de los intereses imperiales.

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La pretendida República, nacida en 1903, por obra y gracia de los intereses de los EE UU, era dominada por una oligarquía agraria y comercial, y se sostenía en un intenso comercio en una zona libre de aduanas en el entorno del Canal. Era un paraíso fiscal con profusión de bancos y casinos que facilitaban el lavado de dinero, tráfico de todo tipo y prostitución.

Para algunos sectores de la sociedad ser corrupto era estrategia de supervivencia. Para el sector político y administrativo del Estado, ser corrupto era condición. Era muy parecido a lo que era Cuba antes de la Revolución de 1959. 

Tierra de nadie en que cundía la pobreza y la miseria por doquier, y pequeños guetos de la gente más abastada. En la ciudad de Panamá, en la costa del Pacífico, la capital política y administrativa del Estado, la pobreza confinada en favelas sobre palafitos sobre áreas de absoluta insalubridad. Sí. Eso era la favela del Chorrillo, y eso se repetía alrededor de Colón, la principal ciudad en la costa atlántica, entrada y salida del tránsito por el Canal.

Contra ese estado de cosas se rebelaron sectores da la juventud e intelectuales e iniciaron una guerrilla de liberación nacional. Lo que los motivaba era absolutamente justo: el derecho a ser libres y vivir en un Estado soberano.

Panamá, como en Cuba del sargento Fulgencio Batista, que de comandante de una Guardia Nacional pasó a dictador, la Guardia Nacional Panameña no pasaba de plétora de los intereses del Imperio tan presentes en las tropas yanquis presentes en el territorio.

Esa guardia pretoriana fue enviada a combatir los guerrilleros. Pero el comando de esa guardia se dio cuenta de que estaban matando lo que de mejor había en la nación: la juventud, el futuro. Ante eso, en lugar de combatir a la guerrilla decidieron derrumbar el podrido poder de la oligarquía, entonces con Arnulfo Arias Madrid, un alcohólico, en la presidencia.

Consumado el golpe de Estado, como suele acontecer, tuvo inicio la diputa por el poder dentro del poder. Esa disputa la ganó el mejor, precisamente aquél que no quiso enfrentar a la juventud sublevada, el general Omar Torrijos Herrera. Y Omar llama a esa juventud, a los intelectuales, los líderes de los movimientos sindical, estudiantil, de profesionales, dirigentes de los partidos de izquierda a junto con él, llevar a cabo el proceso de liberación nacional. El foco, la bandera principal para unir a la Nación: recuperar la soberanía sobre todo el territorio nacional, lo que significaba un confronto directo con la mayor potencia bélica del planeta, fincada en su propio territorio.

Era un desafío que no se podía vencer por las armas. Omar sabía de eso y consiguió tranquilizar los ánimos de la juventud rebelde. El enemigo estaba dentro de casa. El proceso liberador iniciado por Omar Torrijos tenía muchos significados.

- Librarse de una oligarquía corrupta y servil a los EEUU

- Transformar la Guardia Nacional de fuerza pretoriana, servil a los EEUU, en un ejército protector de la soberanía nacional y del pueblo;

- Liquidar con el enclave colonial y fincar la bandera panameña en el territorio de la Zona del Canal mandando de vuelta a sus casas los soldados y oficiales yanquis invasores;

- Y quizás el mayor de los desafíos, el de liberarse del colonialismo, fincado  en la estructura mental de una oligarquía comercial y agraria sin sentido de patria, y de una clase media contaminada, dar inicio a un proceso de desarrollo autónomo, sostenible ambientalmente e de inclusión social.

Esa lucha fue trabada por el pueblo panameño bajo el comando del general Omar Torrijos Herrera, un General de Hombres Libres, como han dicho de Augusto César Sandino, quien en Nicaragua de los años 1930 expulsó a las tropas yanquis invasoras.

El pueblo lo llamaba Omar, le exigía y lo mandaba y él obedecía. Nada artificial… Era un hombre del pueblo, hijo de padres maestros de escuela pública de provincia, que se inscribió en la escuela militar por falta de opción de mejor empleo. El pueblo lo amaba y respetaba. Durante los diez años o poco más en que comandó esa lucha por la liberación del país, al mismo tiempo en que realizaba una Revolución político-social y económica, nunca mintió ni omitió nada de lo que ocurría en esa guerra.

El auge de esa guerra ocurrió en 1979 cuando el Senado de Estados Unidos ratificó el tratado que Omar Torrijos había firmado con James Carter, trazando un programa de diez años de retirada e entrega hasta la total soberanía por Panamá sobre su territorio. Al conocer la noticia el pueblo derrumbó las cercas y entró exultante en la zona antes prohibida, sacó la bandera yanqui y alzó la bandera panameña.

Fue, seguramente, la mayor derrota de los Estados Unidos después de la vergonzosa expulsión de Vietnam por las guerrillas de Giap y Ho Chi Minh. Vietnam estaba a 12 mil millas de distancia y el confronto fue bélico. Las escuadras navales, el poderoso ejército, los bombardeos con napalm y defoliantes contra la astucia. Venció la astucia. Pero el saldo fue de millones de muertos y sufrimientos y tener que reconstruir a partir de tierras arrasadas.

En Panamá no hubo un solo disparo, una sola víctima de ese confronto. Fue pura astucia. Pura inteligencia, convicción y comunicación, diplomacia y solidaridad. Inclusive el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió para avaliar el confronto e por once votos consideró el pleito de Panamá justo por ser un pleito de liberación nacional. Once votos y un veto. Pero el mundo conoció la realidad y fue solidario.

Misión cumplida, el general Omar Torrijos entregó el poder que acumulaba como jefe de Estado y comandante de la Guardia Nacional y pretendió jubilarse. La conducción política y administrativa del país la asumió el Partido Revolucionario Democrático, a través de elecciones, partido que había sido creado para dar continuidad al proceso de liberación, ahora en la construcción de la patria independiente y soberana.

Recuperada la soberanía sobre el Canal, el general Omar Torrijos se dedicó a ayudar al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) a derrotar la dictadura del clan Somoza, que hacía 40 años explotando y reprimiendo al pueblo y sirviendo a los Estados Unidos.

Inteligencia, comunicación, diplomacia fueron puestos al servicio de la liberación del pueblo nicaragüense. Como el confronto allí era también militar, dejó que 600 hombres de la Guardia Nacional se retiraran y fueran reforzar el frente sur del FSLN. Con eso garantizó una derrota más de los Estados Unidos en suelo de Nuestra América.

Estados Unidos, inconformados con esa dupla pérdida de territorios coloniales iniciaron inmediatamente la contraofensiva

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Del lado civil, admitieron 600 muertos, pero nunca se supo el número real de desaparecidos

Panamá en Revolución además de Liberación

Durante ese decenio de lucha contra la presencia física del imperialismo, en el territorio y ya desalojada la oligarquía del poder, el pueblo panameño realizaba su revolución social. Lo que era el Congreso Nacional, oligarca y corrupto además de entreguista, fue sustituido por una Asamblea Nacional Popular, la Asamblea de Corregimientos, y los puestos de la administración del estado por primera vez ocupado por expertos en sus áreas y sabiendo que se trataba de una gran transformación.

Los corregimientos correspondían a lo que en gran número de países se conoce como municipios, la menor célula administrativa. Gobernados por una asamblea elegida localmente, esas asambleas elegían sus representantes a la Asamblea Nacional de Corregimientos, el poder legislativo y supremo del Estado. El presidente y el vicepresidente eran electos por voto universal y directo a cada cuatro años.

Estados Unidos jamás se conformaron haber perdido esa guerra. Al día siguiente empezaron a conspirar y actuar para desestabilizar la frágil democracia popular panameña. 

Omar soñaba con una democracia directa, ejercida por el mismo pueblo. Construir la identidad nacional era otro desafío a ser encarado por las instituciones de la sociedad civil y por las tribus indígenas. A la administración del Estado competía ahora realizar el proyecto nacional de desarrollo. 

El Ministerio de la Salud, por ejemplo, asumió el saneamiento básico, garantizando agua limpia para todos, lo que en corto plazo redujo la mortalidad infantil a niveles del primer mundo. 

Los ingresos por la administración del canal luego se constituyeron en el principal recurso, pero era necesario diversificar, generar otras fuentes de producción y empleo. Para desarrollar otras actividades no había energía eléctrica; para atender esa demanda fue construida la hidroeléctrica de Bayano. Ningún niño fuera de la escuela fue la meta impuesta a la administración de la Educación. 

Los palafitos de Chorrillos fueron derrumbados, el fango aterrado y sobre este, construidas viviendas dignas. La gente de ese barrio luego se transformó en uno de los principales soportes del proceso revolucionario.

Inicio de la contraofensiva yanqui

Contra Panamá la contraofensiva tuvo inicio con el asesinato del general Omar Torrijos, en 31 de julio de 1981, haciendo explotar la avioneta que lo conducía de su casa en Panamá a un asentamiento campesino, proyecto de desarrollo agrícola que él mismo dirigía en la provincia de Coclé. 

Contra Nicaragua empieza en ese mismo año con la CIA organizando, financiando y armando mercenarios en la frontera nicaragüense para iniciar una guerra que volvería aún más difícil la ardua tarea de construcción de una patria libre y soberana. El esfuerzo exigido para las tareas del desarrollo, desviado por el esfuerzo de guerra exigido para la defensa de la soberanía.

La contraofensiva contra el proceso panameño culmina con la invasión del país el 20 de diciembre 1989, liquidando con la democracia popular, reabriendo el parlamento antiguo y poniendo en el poder a un gobierno títere, fiel a los intereses del Imperio. 

Para la media, que conmemora 40 años de esa invasión, Estado Unidos liberó Panamá de una dictadura a servicio del narcotráfico. Vemos lo que hay de realidad en esa historia la media omite.

Antonio Noriega fue el hombre fuerte de Omar Torrijos durante todo el proceso de la lucha de liberación. Él era el jefe de Inteligencia (G-2) de la Guardia Nacional y el responsable por la seguridad del general Torrijos. Pero Noriega estaba muy lejos de poder ser un sucesor de Omar, un gigante de humanidad. 

A Noriega el poder lo deslumbró. Débil de carácter, aceptó estar en la hoja de pago de la CIA. Y la CIA lo envolvió en el tráfico de cocaína. Hay que recordar que, para promover la guerra mercenaria contra la Revolución Nicaragüense, la CIA, autorizada por Reagan y en secuencia por Bush padre, traficaba cocaína colombiana. Los recursos servían para comprar armas y pagar a los mercenarios. Ese escándalo quedó conocido como Irán/Contras. Lo de Panamá como “operación justa causa”.

Si la destitución de Noriega fuera por una cuestión moral, con él deberían haber sido condenados y presos todos los que lo comandaban, como Oliver North, Kissinger y los presidentes Reagan y Bush. El objetivo real era acabar de vez con el torrijismo y todo lo que eso representaba y podría aún mover el pueblo en su defensa.

La invasión se dio con despliegue de fuerza total. Primero la aviación de guerra bombardeó los barrios donde pudiera haber resistencia. En el Chorrillo no quedó piedra sobre piedra. En seguida un ejército de más de 27 mil hombres ocupó la capital matando a quien se atreviera oponerse. Miles y miles de muertos, miles de heridos, incontables desesperados ante la impotencia, el nada poder hacer contra la furia de la barbarie.

La invasión tuvo resistencia y fueron muertos más de 300 militares panameños y más de mil soldados hechos prisioneros. Del lado civil, admitieron 600 muertos, pero nunca se supo el número real de desaparecidos, que puede doblar el número de muertos. El mayor número de víctimas estuvo entre la juventud, que de nuevo intentó volver a las montañas para resistir.

Consumada la invasión, capturaron a Noriega, el 3 de enero de 1979 lo llevaron a Estados Unidos y lo condenaron a 40 años acusándolo de narcotráfico. Libertado después de 17 años, en 1992 fue extraditado para Francia donde quedó preso por más siete años, ahora acusado de lavado de dinero. En 2011 Francia lo devolvió a Panamá para que fuera encarcelado nuevamente hasta su muerte, por cáncer en el cerebro en 2017.

Conocí Noriega cuando era el hombre fuerte de Torrijos y, después, cuando asumió el comando de la Guardia Nacional luego de la renuncia de Rubén Darío Paredes en 1983 e asumió también el comando del Estado que gobernaría hasta la invasión estadounidense en 1089.

Cuando el periodista Rubén Darío Murgas, director del diario Crítica, y con Noriega en el poder director también de Radio Nacional, lo advirtió el 19 de diciembre que las tropas de EEUU se estaban moviendo hacia Panamá, él reaccionó diciendo tratarse de cambio de personal por las fiestas de final de año. Cuando le dijeron que se trataba de tropas especiales de Fort Bragg, entonces se preocupó. En ningún minuto pensó que pudiera ser víctima de traición de sus amigos yanquis.

Está muy claro que él fue víctima de una maniobra del gobierno estadounidense. Vanidoso, débil moralmente, se dejó seducir por el canto de la sirena. Dinero fácil y poder ofrecido por la CIA. Eso le costó al pueblo panameño el fin del sueño de la revolución social de Torrijos. Panamá volvió a ser lo que era antes de la Revolución de 1968: un paraíso fiscal con bancos de todo el mundo; un casino en cada uno de los miles de hoteles; lavado de dinero de los colombianos, corrupción y prostitución y, de nuevo la presencia de los yanquis con sus sofisticadas bases de escucha electrónica.


*Paulo Cannabrava Filho, Periodista, editor de Diálogos del Sur, fue coordinador de Comunicación de la Comisión de Negociación de los Nuevos Tratados de Panamá.

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