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El México de Obrador y los flujos migratorios en las elecciones de los Estados Unidos 2020

El centro gravitatorio del sentido electoral se ha convertido en una dinámica que trastornó todas estas banderas: los flujos migratorios

La clásica temática electoral de los partidos políticos a lo largo del siglo XX está siendo desplazada. Sí, la seguridad pública, la economía, la seguridad social –salud, educación, vivienda– y los derechos civiles, siguen ocupando buena parte de los postulados de cualquier campaña, pero el centro gravitacional del sentido electoral se ha volcado a una dinámica que trastoca todas estas banderas: los flujos migratorios.

La interrelación económica que de manera acelerada se dio tras la caída del Muro de Berlín, mercados abiertos, acceso a tecnología y nuevas rutas comerciales, estableció las bases de los flujos migratorios que tenemos hoy, básicamente, de países en desarrollo a economías consolidadas.

Lo vemos en el Reino Unido, en Francia, en Alemania, y como en ningún otro país del orbe, en esa relación asimétrica entre Estados Unidos y América Latina. Para entender la complejidad del momento que estamos viviendo en el plano de poblaciones en movilidad, tenemos que asumir que hablar de México es, para efectos prácticos, hablar de América Latina. No sólo somos la tierra que divide a los centroamericanos del “sueño americano”, somos ante la racionalidad del gobierno y el electorado estadunidense, culturalmente idénticos.

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Lo que México está haciendo o no para controlar la crisis migratoria.

La elección presidencial

Me refiero al electorado y no a la ciudadanía de Estados Unidos, porque el tema migratorio pasa por el filtro de la elección presidencial de 2020. Por muchas décadas, México estuvo en la mesa de análisis y toma de decisiones en Washington a partir de su importancia estratégica a nivel regional, comercial y política; hoy, en cambio, estamos en el centro del debate electoral.

En otras palabras, pasamos del terreno exclusivamente geopolítico y diplomático, al discurso local que busca mantener viva en una buena parte de los votantes, la llama de la xenofobia y el miedo. Así, los temas que tradicionalmente marcaban la agenda de campaña tienen como común denominador la migración: ¿creación de empleos?, desde luego, pero “empleos para los estadunidenses en las llamadas “inner cities”; ¿seguridad social?, importante, pero cómo mejorar el sistema de salud o las escuelas, si el gobierno tiene que gastar dinero en prestar servicios a quienes no nacieron en Estados Unidos. Así, en la mente de millones, para cada expectativa de país hay un inmigrante que la está impidiendo.

De manera absolutamente irracional, el extranjero indocumentado se ha convertido en el rostro cotidiano de todo aquello que falta o molesta: inseguridad, adicciones, fallas en los servicios públicos, y un larguísimo etcétera.

Lograr dos cosas

En esa línea, con el pragmatismo y rudeza que le caracteriza, Donald Trump ha entendido que para quedarse en la Casa Blanca por cuatro años más tiene que lograr dos cosas: fortalecer a su base a partir de una posición firme en contra de la migración –legal o no–, y convencer a los que no votaron por él a partir de resultados positivos en materia económica. A los primeros, sabe hablarles al oído con promesas como el muro; a los segundos, de forma más sofisticada, les vende la idea de que las empresas están regresando a Estados Unidos a partir de una política que incentiva la creación de empleos y la baja de impuestos. En ambos casos subyace México veladamente como el enemigo, el obstáculo, el factor de riesgo: los inmigrantes pasan por México o son mexicanos; y cientos de empresas se habían trasladado a nuestro país para aprovechar las condiciones del mercado NAFTA.

Así, Trump nos felicitará o señalará en función de los números que sus encuestadores le presenten.

Es decir, queda un larguísimo camino por recorrer en los meses que nos separan de la elección y el T-MEC sigue sin ser aprobado. Cada día que pasa sin que el acuerdo se signe, se incrementa el riesgo de que su discusión sea –también– devorada por el torbellino electoral.

Con una veintena de precandidatos demócratas enfrente, Trump tiene amplisimas posibilidades de lograr la reelección y todos los incentivos para recurrir al “tema mexicano” cuando lo crea necesario.

Se acabaron los tiempos en los que México era un asunto más en la amplísima agenda internacional y de seguridad de Estados Unidos; estaremos en cada boleta electoral.

Nadie eligió estar al centro de la contienda de 2020, pero esa es nuestra realidad. Una realidad con la que tendremos que lidiar con paciencia, inteligencia y unidad.



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